Desaparecer
Perdí la cuenta del número de veces que en los últimos tres años deseé desaparecer, que nadie me viera o hablar, jamás salir de mi casa o mi habitación, quedarme dormida durante tanto tiempo que al despertar la vida fuera otra y las preocupaciones ya no existieran. Creo que la primera vez fue cuando una especialista le dijo a mi mamá, frente a mí, que debían descartar una leucemia y para eso debían realizarle ese mismo día un especializado examen. La especialista me pidió volver rápidamente a casa para tomar los resultados de los últimos exámenes de mi mamá, cuyos resultados eran todos perfectos, y llevárselos de regreso. Salí de la habitación con las piernas temblorosas, sin saber bien qué hacer. Pensé rápido el método más eficiente para ir a casa y volver en el menor tiempo posible e inicié mi marcha. En el camino llamé a uno de mis mejores amigos y le conté lo que pasaba, necesitaba hablar. Él le avisó a su hermano, otro de mis mejores amigos,...