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Mostrando las entradas de noviembre, 2017

Agradecimiento

El primero de diciembre de 2016 mi mamá falleció como consecuencia de las altas dosis de medicamento en su cuerpo y la leucemia.  Nadie nos dijo, aunque es un derecho del paciente, que si repetía el tratamiento exactamente igual que la primera vez, existía ese riesgo. Es lo único que le reprocho a quienes la atendieron.  Si la doctora, al pedirle a mi mamá que decidiera entre los tres posibles tratamientos tras el fallo del primer trasplante, nos hubiese dicho que había ese riesgo entonces no la habríamos dejado tomar la decisión que ella con valentía y con el propósito de pasar muchos más años junto a sus “hijitos” tomó.  Pero decía mi abuela, y es verdad, que hay en el mundo un único problema que no se puede resolver y ese es la muerte. Así que solo nos queda agradecer.  A quienes nos apoyaron desde el primer día, a quienes a mitad del camino prefirieron alejarse porque de ellos también aprendimos.  Gracias a nuestras tías que nos adoptaro...

Mirar atrás

Como a casi todos los niños, mi mamá me llevó al colegio en mi primer día de clases hace ya varios años. No recuerdo mucho de ese día, ella solía contar que esperaba que al despedirse de mí yo hiciera lo mismo que las demás niñas y llorara pidiendo regresar a casa o que me negara a dejar de abrazarla. Pero nada de eso sucedió. Había entrado al jardín de infantes antes de cumplir un año de edad así que de algún modo esa despedida era natural para mí. Lo único que hice fue llegar a la puerta del colegio de la mano de mi mamá, darle un beso y un abrazo, decir "chao mami" y entré como si fuera un día más de jardín. Ella siempre contaba la anécdota sorprendida de mi desapego. Lo poco que recuerdo es que entré con seguridad y me causó mucha curiosidad ver a tantas niñas de mi edad llorando porque no querían separarse de sus papás. Por el contrario, yo caminé segura hacia mi salón de clases y luego de dar un par de pasos giré para ver a mi mamá todavía en puerta, con una cara qu...

Tiempo libre

Cuando somos pequeños el tiempo libre es para jugar, para estar con nuestros amigos o familia, para ver televisión, para dar un paseo. Sin embargo, conforme crecemos, ese tiempo se convierte en espacio no solo para compartir con quienes más queremos sino para encargarnos de otras "responsabilidades". Cuando hay en casa un paciente, el tiempo libre naturalmente es para compartir con ellos, para encargarse de las diligencias administrativas necesarias para que su tratamiento marche de acuerdo a lo planeado y para asegurar que su vida siga relativamente dentro de lo normal. Pero hay espacios en los que no hay nada más qué hacer: solo tiempo libre. Podríamos pensar en mil actividades para dispersar la mente y lo cierto que realmente poco hacemos y más bien se convierte en un tiempo muerto, un espacio en el que para no pensar en lo que está sucediendo preferimos simplemente no pensar en nada. Mente en blanco. Y cuando todo pasa, cuando ya no hay más preocupaciones, cuando ...

Costumbres

Crecimos en una familia que nos enseñó que lo más importante es la unión, que al final del día lo único que queda es precisamente eso: el encuentro con la familia, que cualquier ocasión es una excusa perfecta para el encuentro. Una familia que nos enseñó además a cuidar siempre unos de otros, a apoyarnos, a llamarnos simplemente para saludar o preguntar cómo va todo "por allá". Una familia que sabe que la distancia y un tiempo en silencio no significan menos cariño. Todos en algún momento hemos necesitado esos cuidados, ese cariño y en efecto los hemos recibido con total disposición de nuestros cuidadores e incluso como recompensa crecida a esa costumbre de ayudar y cuidar al otro. Nosotros tuvimos dos años ese privilegio. Hermanos que llamaban a mi mamá a diario para darle ánimo, que nos ayudaban a hacer trámites para el tratamiento médico, que estando en casa nos visitaban para llevar alegría un rato y hablar del futuro. La costumbre del cuidado se mantuvo. Tanto ...

Responsabilidades

Tenía cinco años la primera vez que me pidieron que “me hiciera cargo de la situación”. A los seis años ya sabía cuánto era o no costoso y a los siete ya decidía qué era necesario pedirle a mi mamá y qué no, para evitarle la tristeza de tener que decirle a su querida hijita que no había dinero suficiente.  Y antes de los 25 años decidí asumir toda la responsabilidad que implica administrar un hogar de tres personas para evitarle esa preocupación a mi mamá durante el tratamiento de su enfermedad.  Para lograrlo, dejé de lado casi toda actividad normal en alguien de mi edad sin siquiera notarlo... me eliminé de la lista de prioridades.  Asumí toda la carga por decisión propia, aceptando la ayuda que me ofrecieron sin yo pedirla, porque nunca fui capaz de reconocer que la situación me superaba y que necesitaba apoyo.  Sin decir ni una sola palabra me alejé de la persona con la que estaba saliendo en ese momento porque consideré injusto no poderle ofrece...