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Mostrando las entradas de mayo, 2017

Tienes que seguir

A pesar del miedo, de la confusión, de la rabia, de toda la incertidumbre y la mezcla de sentimientos que me generaba el proceso médico de mi mamá, supe muy pronto que solo había una salida: seguir adelante.  Su preocupación más grande siempre fue garantizarnos la felicidad, la salud y la educación y ahora que estaba hospitalizada era evidente su angustia al pensar que sus dos bebés (porque siempre fuimos sus bebés pese a alcanzar la mayoría de edad) mantuvieran un buen rendimiento académico, vivieran casi sin preocupaciones y se cuidaran de cuánto virus, golpe, accidente o riesgo hay en el mundo y por esa misma preocupación supe que podía motivarla a recibir con buena actitud su tratamiento si le llevaba buenas calificaciones.  Así lo hice. Cuando mi mamá fue diagnosticada yo estaba iniciando mi último semestre en la universidad y además de decidir no contarle nada a mis compañeros, me esforcé como nunca para obtener mis mejores calificaciones y llevárselas a mi mamá ...

El miedo

El miedo es una constante en este proceso. Miedo al resultado de los exámenes médicos, miedo a la reacción por los medicamentos, miedo a dormir, miedo a perder la esperanza y dejarse vencer. Tenía tanto miedo que sólo dormía cuando lograba convencerla de quedarme en la noche acompañándola o cuando, después de mi clase en la mañana, pasaba el día en su habitación hablando hasta que finalmente el cansancio nos vencía a una de las dos. En algún momento incluso le tuve miedo a las llamadas telefónicas de mi familia. Temía que me llamaran para avisarme que algo había salido mal, que mi mamá tenía una reacción muy fuerte a alguno de los más de 20 medicamentos que llegó a necesitar o incluso que había muerto. Y por fortuna, ninguna de esas llamadas llegó. Sin embargo siempre tuve miedo y me aterraba tanto la idea de que algo sucediera mientras yo no estaba a su lado, que podía llamar hasta cuatro veces en un día para saludarla, decirle que todo iba bien y preguntarle "¿Qué m...

La rabia

Acepté la enfermedad de mi mamá con la primera quimioterapia. Era real, no era una pesadilla ni un mal diagnóstico, le tomaría un buen tiempo regresar a casa y mientras tanto yo debía nuevamente mostrarme fuerte, valiente, más madura de lo que hasta entonces había sido. Reconocer la enfermedad me llenó de rabia.  Rabia con los médicos que sabían explicarme al derecho y al revés cómo sería el tratamiento y me habían dicho algo que jamás olvidaré: "esta es la leucemia más agresiva pero la más fácil de curar", pero no sabían explicarme por qué. La única pregunta que no me dejaba sola ni un segundo: por qué. ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué a mi mamá? ¿Por qué existe esa enfermedad? ¿Por qué la tiene ella? ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí? ¿Por qué así? Rabia  con la vida, que me había enseñado que nada era más grave que la muerte y aunque en efecto, es ese el único problema sin solución, la gravedad de vivir semejante montaña rusa se le asemeja bastante.  La vida también...

La negación

Pese al examen médico que confirmó el diagnóstico, dejarla hospitalizada y escuchar una y otra vez a los médicos darnos las mismas indicaciones sobre su tratamiento, seguía pensando que no era verdad, que era un mal sueño o un error médico.  El alma se me llenó de paz al ver a toda mi familia a la entrada del hospital al día siguiente de la noticia, buscando demostrarnos su apoyo. Pero yo aún guardaba la esperanza de despertar del sueño. Jamás me había imaginado algo así. Nadie lo hace, el cáncer siempre es algo lejano que mientras no llega a tu familia no eres capaz de dimensionar. Nosotros ni teníamos antecedentes de leucemia.  Me negué a admitir la enfermedad durante los primeros días, bloqueé ese momento de nuestras vidas y lo veía como una enfermedad simple para tener el valor de mostrarme tan fuerte como siempre me dijeron que debía ser porque desde niña me enseñaron a templar el carácter y ser "guapa", como decía mi abuela, ante cualquier tristeza, cualquie...

El diagnóstico

Tener un familiar cercano con cáncer es una montaña rusa y la primera caída al vacío es el momento exacto en el que un médico te dice "creemos que es cáncer, haremos unos estudios para descartarlo". Ahí llegan las dudas, los miedos y te enfrentas a la primera decisión rápida que debes tomar: tratar de no mostrar preocupación sino confianza y apoyo total a tu paciente. En mi caso, durante la semana que tardó el hospital en entregarnos los resultados de una biopsia de médula ósea me repetía constantemente varias preguntas: ¿Qué pasa si se confirma el diagnóstico? ¿Cuál será el tratamiento? ¿Qué debo decir? ¿Qué debo hacer?. Dormí poco, en las noches temía que su cuerpo súbitamente se rindiera ante la enfermedad aún no confirmada y no se volviera a despertar así que me levantaba hacia la medianoche para revisar si seguía respirando y repetía la acción cuando debía levantarme de la cama para ir a estudiar. Pasaron los días y llegó la fecha indicada para reclamar los resulta...