El diagnóstico

Tener un familiar cercano con cáncer es una montaña rusa y la primera caída al vacío es el momento exacto en el que un médico te dice "creemos que es cáncer, haremos unos estudios para descartarlo". Ahí llegan las dudas, los miedos y te enfrentas a la primera decisión rápida que debes tomar: tratar de no mostrar preocupación sino confianza y apoyo total a tu paciente.

En mi caso, durante la semana que tardó el hospital en entregarnos los resultados de una biopsia de médula ósea me repetía constantemente varias preguntas: ¿Qué pasa si se confirma el diagnóstico? ¿Cuál será el tratamiento? ¿Qué debo decir? ¿Qué debo hacer?. Dormí poco, en las noches temía que su cuerpo súbitamente se rindiera ante la enfermedad aún no confirmada y no se volviera a despertar así que me levantaba hacia la medianoche para revisar si seguía respirando y repetía la acción cuando debía levantarme de la cama para ir a estudiar.

Pasaron los días y llegó la fecha indicada para reclamar los resultados en el laboratorio de un hospital.  Me ofrecí a hacer ese trámite para llegar con el sobre sellado al consultorio de la doctora y por algún tipo de suerte que jamás entenderé, fui la primera en conocer el diagnóstico: LEUCEMIA MIELOIDE AGUDA. Así, en mayúsculas todo y como conclusión al documento Pdf que la señorita abrió en su pantalla para imprimir, sin notar que yo estaba justo detrás suyo observando cada movimiento en la pantalla de su computador de escritorio.

En ese momento aparecieron nuevamente las preguntas: ¿Qué voy a hacer? ¿Ahora qué? Y con las primeras lágrimas llegó el plan inmediato. Llamé a uno de mis mejores amigos para que me ayudara a calmar, lo logré, respiré muy profundo, me llené de valor y emprendí mi camino al consultorio donde me encontraría con ella, una tía y la doctora que nos explicaría el diagnóstico y el tratamiento a seguir.

La veía tan sana y a la vez tan perdida en las preguntas como yo. No lloré, me mostré valiente y decidida a apoyarla en el viaje que apenas empezaba y durante el cual se nos unieron muchos, mientras otros pocos desaparecieron.

Tanto para el paciente como para sus familiares, lo peor que alguien puede hacer en el momento del diagnóstico es decirle "lo siento". Es una especie de mal presagio cuando todos apenas están tratando de aceptar y entender la situación.

En cambio, es de gran ayuda demostrar el apoyo mediante un abrazo, un gesto, unas cortas palabras y en algunos casos el silencio, la silenciosa compañía que crea un vínculo de confianza y cierta especie de complicidad en un proceso que ni los médicos saben cuánto durará ni cómo terminará.

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