Lástima

"Pobre", "que pesar", "que pecado", "debe ser horrible" y esa expresión en la cara de "debes estar pasando por el peor momento de tu vida y no veo cómo ayudarte" son las peores formas de mostrar empatía o tratar de interactuar con un paciente o con su familia más cercana.

La lástima no sirve más que para afianzar ese sentimiento de estar pasando, efectivamente, por la situación más difícil e imposible de superar de todas.

Cada vez que utilizan esas expresiones, un poquito de energía disminuye tanto en el paciente como en sus familiares.

En mi caso, me daba tanta rabia que me trataran con lástima que prefería callar o responder solo con un ruido antes de atreverme a ser grosera con alguien que igual estaba intentando mostrarme su empatía.

Lo cierto es que hay muchas otras formas de lograrlo. Una ligera sonrisa y alguna palabra amable, un ofrecimiento que puedan cumplir, así sea la disponibilidad para hablar vía telefónica cuando el ánimo falla y gana más bien la desesperación.

Pueden también acompañarnos a tomar algo o comer. Esos momentos son los más difíciles porque sabemos que debemos alimentarnos, pero los nervios hacen que el apetito desaparezca por completo o incluso que le reemplacen las náuseas, así que las comidas se convierten en un reto contra el mismo cuerpo.

Caminar o salir a algún lugar así sea cercano también ayuda, necesitamos cambiar el paisaje diario para recordar que, como dicen por ahí, pasan otras cosas en el mundo.

Hablen, hablen de muchas otras cosas que no sean el caso del amigo del hermano del conocido que se curó o que se murió, que le dijeron que tal o cual remedio era mejor. Hablen de tantos otros temas que existen en este universo para que nuestras mentes se despejen.

Pero jamás demuestren lástima, es una herida más profunda.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Costumbres

Final