Costumbres
Crecimos en una familia que nos enseñó que lo más importante es la unión, que al final del día lo único que queda es precisamente eso: el encuentro con la familia, que cualquier ocasión es una excusa perfecta para el encuentro.
Una familia que nos enseñó además a cuidar siempre unos de otros, a apoyarnos, a llamarnos simplemente para saludar o preguntar cómo va todo "por allá".
Una familia que sabe que la distancia y un tiempo en silencio no significan menos cariño.
Todos en algún momento hemos necesitado esos cuidados, ese cariño y en efecto los hemos recibido con total disposición de nuestros cuidadores e incluso como recompensa crecida a esa costumbre de ayudar y cuidar al otro.
Nosotros tuvimos dos años ese privilegio. Hermanos que llamaban a mi mamá a diario para darle ánimo, que nos ayudaban a hacer trámites para el tratamiento médico, que estando en casa nos visitaban para llevar alegría un rato y hablar del futuro.
La costumbre del cuidado se mantuvo. Tanto tiempo después, seguimos buscándonos unos a otros para preguntar cómo estamos, ofrecer ayuda y en efecto ayudar. Seguimos también planeando cada encuentro familiar con entusiasmo y trabajando en garantizar que para cada uno sea un momento de alegría que se guarde en en corazón.
Mi mamá siempre se preocupó por cuidar y ayudar a su familia, un trabajo que le mereció una recompensa gigante durante su enfermedad. Siempre tuvimos a alguien al lado retribuyendo todo aquello, demostrando ese amor de familia.
Empieza su época favorita del año, porque hay más entusiasmo en el ambiente y podíamos pasar dos semanas seguidas con toda la familia. Estoy segura que volveremos a reunirnos y a disfrutarla, seguiremos atentos unos a otros.
Una familia que nos enseñó además a cuidar siempre unos de otros, a apoyarnos, a llamarnos simplemente para saludar o preguntar cómo va todo "por allá".
Una familia que sabe que la distancia y un tiempo en silencio no significan menos cariño.
Todos en algún momento hemos necesitado esos cuidados, ese cariño y en efecto los hemos recibido con total disposición de nuestros cuidadores e incluso como recompensa crecida a esa costumbre de ayudar y cuidar al otro.
Nosotros tuvimos dos años ese privilegio. Hermanos que llamaban a mi mamá a diario para darle ánimo, que nos ayudaban a hacer trámites para el tratamiento médico, que estando en casa nos visitaban para llevar alegría un rato y hablar del futuro.
La costumbre del cuidado se mantuvo. Tanto tiempo después, seguimos buscándonos unos a otros para preguntar cómo estamos, ofrecer ayuda y en efecto ayudar. Seguimos también planeando cada encuentro familiar con entusiasmo y trabajando en garantizar que para cada uno sea un momento de alegría que se guarde en en corazón.
Mi mamá siempre se preocupó por cuidar y ayudar a su familia, un trabajo que le mereció una recompensa gigante durante su enfermedad. Siempre tuvimos a alguien al lado retribuyendo todo aquello, demostrando ese amor de familia.
Empieza su época favorita del año, porque hay más entusiasmo en el ambiente y podíamos pasar dos semanas seguidas con toda la familia. Estoy segura que volveremos a reunirnos y a disfrutarla, seguiremos atentos unos a otros.
Valiente guerrera! El amor de familia trascenderá a cualquier circunstancia y al final todo estaremos juntos con quienes amamos ❤️❤️❤️
ResponderBorrarUna visión hermosa del legado de solidaridad y apoyo constantes construidos con detalles cotidianos. Gracias por compartir
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