"Todo estará mejor"
No perder la esperanza. Esa fue una de las peticiones del Papa en su visita a Colombia, así como mantener la fe. Dos mensajes que aplican no solo para la vida espiritual sino el diario ejercicio de vivir y para enfrentar un reto tan grande como una enfermedad "catastrófica".
"Vamos bien", "todo va a mejorar", "estaremos bien", "volveremos a la normalidad", "todo va a estar bien". Eran las frases que más constantemente nos repetíamos entre nosotros y que yo repetía incansablemente en mi mente para convencerme de que un día dejaríamos el hospital, que podríamos salir de viaje sin preocupaciones o simplemente ir a un lugar público.
Mantener la esperanza en un mejor futuro, uno libre de preocupaciones y enfermedades nos mantenía en tierra muchas veces y evitaba que yo perdiera la cordura. Porque muchas veces llegaban momentos en los que todo era tan confuso que lo más fácil era enloquecer.
Sin embargo nos mantuvimos firmes en la esperanza y en la fe. Siempre confiamos en que todo sería mejor y en algún tipo de justicia divina que dictaba que a las buenas mamás no les pasan cosas malas y cuando estas suceden, son breves.
Luchamos, seguimos adelante y con constancia repetíamos "todo va a estar bien" como método de lucha contra el negativismo y los momentos de duda.
Y efectivamente todo estuvo mejor. Tuvimos muy buenas noticias, volvimos a la casa, disfrutamos de lo más simple, reímos y discutimos sobre pequeñas cosas.
La vida siguió y nosotros con ella. Crecimos, maduramos, nos unimos como familia, hicimos nuevos amigos y sin duda fortalecimos las viejas y valiosas amistades. Pero también cambiamos: algunos se fueron de nuestro lado y descubrimos que nunca fueron realmente necesarios, que estaban mejor en otros planes que no eran los nuestros; modificamos nuestras rutinas y aprendimos nuevas cosas.
Porque al final es verdad: todo va a estar mejor, vamos a estar bien. Y mientras llegan los mejores tiempos, solo es necesario mantener la esperanza incluso cuando más difícil parece.
"Vamos bien", "todo va a mejorar", "estaremos bien", "volveremos a la normalidad", "todo va a estar bien". Eran las frases que más constantemente nos repetíamos entre nosotros y que yo repetía incansablemente en mi mente para convencerme de que un día dejaríamos el hospital, que podríamos salir de viaje sin preocupaciones o simplemente ir a un lugar público.
Mantener la esperanza en un mejor futuro, uno libre de preocupaciones y enfermedades nos mantenía en tierra muchas veces y evitaba que yo perdiera la cordura. Porque muchas veces llegaban momentos en los que todo era tan confuso que lo más fácil era enloquecer.
Sin embargo nos mantuvimos firmes en la esperanza y en la fe. Siempre confiamos en que todo sería mejor y en algún tipo de justicia divina que dictaba que a las buenas mamás no les pasan cosas malas y cuando estas suceden, son breves.
Luchamos, seguimos adelante y con constancia repetíamos "todo va a estar bien" como método de lucha contra el negativismo y los momentos de duda.
Y efectivamente todo estuvo mejor. Tuvimos muy buenas noticias, volvimos a la casa, disfrutamos de lo más simple, reímos y discutimos sobre pequeñas cosas.
La vida siguió y nosotros con ella. Crecimos, maduramos, nos unimos como familia, hicimos nuevos amigos y sin duda fortalecimos las viejas y valiosas amistades. Pero también cambiamos: algunos se fueron de nuestro lado y descubrimos que nunca fueron realmente necesarios, que estaban mejor en otros planes que no eran los nuestros; modificamos nuestras rutinas y aprendimos nuevas cosas.
Porque al final es verdad: todo va a estar mejor, vamos a estar bien. Y mientras llegan los mejores tiempos, solo es necesario mantener la esperanza incluso cuando más difícil parece.
Es muy real, una reflexión importante sobre la vida y la forma de enfrentar los retos. Gracias por compartir tus pensamiento
ResponderBorrar