Aceptar y continuar

La vida está hecha de decisiones, de información que nos llega y que en muchas ocasiones nos obliga a hacer una elección. ¿Qué habría pasado si no lo hubiese hecho? ¿Cómo sería la vida si lo hubiese elegido?

Esas son las preguntas más constantes cuando vemos el resultado de nuestras decisiones. Y a veces la elección, queriéndolo o no, es no aceptar lo que nos dicen, no aceptar nuestra realidad.

Pasé muchos días diciéndome a mí misma que ese no podía ser el diagnóstico de mi mamá, que todo iba a estar bien, que la biopsia sería negativa. Y cuando, por una desafortunada coincidencia, pude leer el diagnóstico antes de entregarle el resultado del examen médico a la especialista, me seguía diciendo que no era verdad y necesitaba que fuera ella quien lo leyera y confirmara la situación.

Pero tan pronto esa doctora nos confirmó el diagnóstico desde su escritorio, no me di tiempo para pensar en si era verdad o no. Simplemente respiré, tomé la mano de mi mamá y pensé en que haríamos lo que fuera necesario porque seguía pensando en que ella nos acompañaría por muchos años más.

Tarde mucho más tiempo en entender que el primer tratamiento no había funcionado y creo que jamás asimilé que el segundo tampoco y que lo único que nos quedaba eran los famosos cuidados paliativos, los medicamentos y el tiempo incierto a su lado.

La decisión en ese momento, más allá de aceptar la información que nos daban los médicos, era pasar la mayor cantidad de tiempo posible a su lado y demostrarle lo mucho que la quería, lo mucho que quería seguir a su lado hasta que yo misma fuera tan adulta como ella.

Tenía miedo, todos los días cuando salía de casa le temía a mi propio teléfono porque me daba miedo estar fuera de casa cuando sucediera lo único que todos tenemos seguro en esta vida.

Y cuando ese momento llegó, después de un tiempo entendí que la única opción era aceptarlo todo, entender que así debía pasar la vida y seguir adelante por mí misma porque nadie va a venir a salvarnos.

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