Los días más duros

¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué vamos a hacer? Fueron las preguntas más constantes que me hice en la mente durante poco más de dos años.

Y la respuesta siempre fue la misma: seguir adelante, buscar valentía a veces de donde no la había, energía de donde se creía perdida, apoyo en todos los que nos rodearon.

No todos los días había buenas noticias, había ocasiones en las que ni siquiera había noticias y la incertidumbre llegaba a ocupar todo espacio disponible, todo espacio que le dejara el miedo: aquella otra sensación que jamás dejó de acechar.

Y en la mayoría de esos días, el primer pensamiento que me abordaba en la mañana todavía sin levantarme de mi cama era "Podría quedarme aquí, simplemente esperar a que todo se resuelva para volver a salir de mi cuarto". Luego llegaba a mi mente el recordatorio de mis responsabilidades y aquel único propósito de hacer feliz a mi mamá con mis logros académicos y profesionales, porque eso sí que le iluminaba el rostro.

Así que, contra todo pronóstico y contra mi propia voluntad, salía de mi cuarto y me armaba de mis audífonos para que la música ocupara todo el silencio y no me dejara pensar en mi incertidumbre. Solo así era capaz de salir de casa "a cumplir con el deber".

Pero aún así, también en muchas ocasiones necesité oír la voz de alguien cercano, alguien al otro lado de la línea que me pedía un poquito más de fuerza, que me recordaba lo bueno que sucedía, que simplemente no colgaba ni hablaba mientras yo lloraba desesperada porque no entendía lo que sucedía, porque no sabía qué hacer, porque no sabía qué pasaría ni en la hora siguiente.

Muchos días necesité de un abrazo de mi familia, de mis amigos que todavía están firmes a mi lado. En esos momentos agradecí también el desarrollo de la tecnología que me permitió acortar la distancia con esa pequeña pero importante parte de la familia que no podía estar tan cerca.

En cada uno de esos días en los que todavía no sé de dónde saqué la energía para salir de mi cuarto y enfrentar al mundo, por fortuna tuve no una sino varias personas a mi lado apoyándome cada una con su método y todas con su infinito amor.

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