Buen ánimo y detalles simples
Está demostrado que un alto porcentaje de la efectividad del tratamiento médico sobre el paciente, así como la probabilidad de una adecuada recuperación, dependen de su estado de ánimo.
Fue lo primero que nos dijeron y lo primero que mi mamá siempre tuvo claro. Por eso insistía tanto en ser feliz pese a todo e incluso en animarnos a nosotros para que retroalimentaramos esa felicidad.
Pronto entendimos además que la compañía y los detalles simples la hacían feliz. El primer año de tratamiento, pasamos el día de la madre y su cumpleaños en el hospital. Para la primera fecha le compré algunas cosas que podría lucir en su cuarto porque hasta en sus días de mayor debilidad ella procuraba verse impecable y elegante como una reina.
No era mucho lo que le podía comprar porque contaba apenas con mis ingresos mensuales de estudiante pero ella fue tan feliz al destapar sus regalos, que no fue necesario el abrazo que no nos podíamos dar para que ambas sintiéramos cuánto nos queríamos y cuánto nos emocionaba estar allí juntas, compartiendo un momento sin las preocupaciones de lo que estábamos atravesando.
Para su cumpleaños, yo ya contaba con mi sueldo de practicante así que pude comprarle algo mejor pero nuevamente era para que estuviera cómoda y elegante en el hospital. Además pedí permiso para llegar temprano a visitarla en la tarde y coincidió con las buenas noticias sobre la efectividad del tratamiento en ese momento y mi ascenso. Los ascensos, felicitaciones profesionales y buenas calificaciones siempre son buenos regalos para las mamás.
Recuerdo además que en ambas fechas recibió cientos de llamadas de feliticación y de ánimo. Nadie se quedó atrás para tratar de hacerla sentir tan feliz y querida como fuera posible y eso jamás lo vamos a olvidar.
Mi mamá recibía a las enfermeras con una sonrisa y cuando sabía que llegaban para hacerle algún procedimiento menor, aunque le asustara sacaba algún chiste o un comentario gracioso de la nada para relajar el ambiente. Su buen ánimo sin duda fue el ejemplo que muchos necesitamos durante nuestras vidas.
Durante dos años compartí espacio con muchos visitantes a pacientes en los hospitales, compartí el mismo escenario con ellos y escuchaba sus preocupaciones sobre "qué llevarle al enfermo" y algunos incluso pensaron en no visitar a su familiar o conocido porque no se les ocurría qué ofrecerles. Pero al final lo que más le importa a quienes son visitados es precisamente la compañía de un ser querido, de un conocido para compartir la felicidad.
La felicidad de estar vivos sin importar los problemas, porque al final todo se resuelve. La felicidad de un día más junto a quienes más amamos, la felicidad de un detalle tan simple como un postre o que te ofrezcan tu comida favorita cuando más débil te sientes. La felicidad de un abrazo que te hace sentir que todo el esfuerzo del día valió la pena y mañana el mundo será mejor. La felicidad como elección de vida.
Fue lo primero que nos dijeron y lo primero que mi mamá siempre tuvo claro. Por eso insistía tanto en ser feliz pese a todo e incluso en animarnos a nosotros para que retroalimentaramos esa felicidad.
Pronto entendimos además que la compañía y los detalles simples la hacían feliz. El primer año de tratamiento, pasamos el día de la madre y su cumpleaños en el hospital. Para la primera fecha le compré algunas cosas que podría lucir en su cuarto porque hasta en sus días de mayor debilidad ella procuraba verse impecable y elegante como una reina.
No era mucho lo que le podía comprar porque contaba apenas con mis ingresos mensuales de estudiante pero ella fue tan feliz al destapar sus regalos, que no fue necesario el abrazo que no nos podíamos dar para que ambas sintiéramos cuánto nos queríamos y cuánto nos emocionaba estar allí juntas, compartiendo un momento sin las preocupaciones de lo que estábamos atravesando.
Para su cumpleaños, yo ya contaba con mi sueldo de practicante así que pude comprarle algo mejor pero nuevamente era para que estuviera cómoda y elegante en el hospital. Además pedí permiso para llegar temprano a visitarla en la tarde y coincidió con las buenas noticias sobre la efectividad del tratamiento en ese momento y mi ascenso. Los ascensos, felicitaciones profesionales y buenas calificaciones siempre son buenos regalos para las mamás.
Recuerdo además que en ambas fechas recibió cientos de llamadas de feliticación y de ánimo. Nadie se quedó atrás para tratar de hacerla sentir tan feliz y querida como fuera posible y eso jamás lo vamos a olvidar.
Mi mamá recibía a las enfermeras con una sonrisa y cuando sabía que llegaban para hacerle algún procedimiento menor, aunque le asustara sacaba algún chiste o un comentario gracioso de la nada para relajar el ambiente. Su buen ánimo sin duda fue el ejemplo que muchos necesitamos durante nuestras vidas.
Durante dos años compartí espacio con muchos visitantes a pacientes en los hospitales, compartí el mismo escenario con ellos y escuchaba sus preocupaciones sobre "qué llevarle al enfermo" y algunos incluso pensaron en no visitar a su familiar o conocido porque no se les ocurría qué ofrecerles. Pero al final lo que más le importa a quienes son visitados es precisamente la compañía de un ser querido, de un conocido para compartir la felicidad.
La felicidad de estar vivos sin importar los problemas, porque al final todo se resuelve. La felicidad de un día más junto a quienes más amamos, la felicidad de un detalle tan simple como un postre o que te ofrezcan tu comida favorita cuando más débil te sientes. La felicidad de un abrazo que te hace sentir que todo el esfuerzo del día valió la pena y mañana el mundo será mejor. La felicidad como elección de vida.
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