Grandes Decisiones
Con el paso de los años, las decisiones que debemos tomar cambian y se hacen cada vez más difíciles. Pasamos del color de la camiseta a lo que queremos comer, la profesión que queremos estudiar y el empleo al que queremos aplicar.
Y sin duda, en todas esas decisiones está siempre disponible la guía de nuestros papás que no solo quieren lo mejor para nosotros, sino que tienen la experiencia necesaria para evaluar a nuestro todas las posibles consecuencias de nuestras decisiones.
Mi mamá siempre fue clave en casi todas mis decisiones. De pequeña me preguntó qué tipo de colegio quería y yo decidí uno femenino, me inscribió en tres y me dejó descartar uno para ella elegir entre los otros dos y se quedó con el mejor.
Cuando debía elegir mi pregrado, solo me pidió que no siguiera su profesión y cuando le dije “tranquila, hace mucho decidí que soy periodista”, tuvo dudas pues temía por mi seguridad y finalmente me apoyó y me ayudó a estudiar para lograr mi beca.
Su frase más común cuando le consultaba algo era “tú debes decidir lo que te haga más feliz” y acto seguido empezaba a evaluar las posibilidades conmigo.
Cada vez que cambié de empleo, en parte a merced del desarrollo de su enfermedad, hablábamos por horas sobre todas las ventajas y desventajas y si ella tenía algún mal presentimiento, me lo decía sin reservas. También me escuchaba y me miraba con orgullo porque finalmente estaba feliz con cualquiera de mis decisiones.
Este año sin su presencia, tuve que enfrentarme a muchas decisiones, varias de ellas de gran importancia. Trataba de pensar ¿qué me diría mi mamá? Y casi podía escuchar su voz diciéndome de nuevo “elige lo que creas que te va a hacer más feliz”.
Pero siempre necesité una mamá que me ayudara a evaluar las posibilidades. Hablé por horas con mis madrinas y finalmente tomé las que considero son las mejores decisiones.
Nada es fácil todavía sin mi mamá, pero creo que en los más de 20 años que estuvo a mi lado, me enseñó a decidir y estaría orgullosa de ver que sigo sus consejos todavía.
Y finalmente la gran decisión sigue siendo la misma suya: enfrentar la vida, disfrutarla, lucharla.
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