Miedo al silencio
Siempre disfruté mucho mis momentos de soledad. A veces le pedía a mi mamá que no me llevara con ella y mi hermano para que yo pudiera quedarme en silencio, haciendo cualquier cosa y ninguna, mientras ella volvía.
No me molestaba andar por ahí sin audífonos o cualquier otra "herramienta" para escuchar música en la universidad o en los trayectos de mi casa a cualquier lugar. Disfrutaba ese silencio que me permitía ampliar mis pensamientos.
Recuerdo en un viaje del colegio que la profesora observó, precisamente, que todas en el bus llevaban sus audífonos y dijo “le tienen miedo al silencio ¿Por qué no pueden desconectarse un segundo?” Y yo pensé “yo no le temo, no creo que algún día pueda hacerlo”.
Y me equivoqué. En algún punto de la enfermedad de mi mamá se me hizo insoportable quedarme sola, sentirme sola en cualquier lugar y en especial en mi casa. No tener la música o el radio todo el tiempo hablándome puede llenarme de ansiedad porque ante el silencio llegan los peores recuerdos y pensamientos de lo que pudo ser.
Ahora le tengo miedo al silencio, miedo a la soledad que invoca tanto recuerdos que duelen. Siento ansiedad de los recuerdos, ansiedad de su ausencia, ansiedad de pensar cómo sería si ella hubiese elegido otro tratamiento, si hubiésemos evaluado otras opciones, si jamás hubiese enfermado.
No me importa repetir casi las mismas canciones una y otra vez, porque la radio ya tampoco la soporto mucho más de diez minutos. Yo, que amaba la radio y que trabajé en ese medio maravilloso.
Pero ante la insistencia de mis primos tras la muerte de mi mamá, y el recuerdo de su propia insistencia, encontré un nuevo oasis: el deporte.
El deporte como método para calmar la ansiedad, para ocupar el tiempo libre, para liberar el estrés y el agotamiento de la rutina, para conocer nuevas y maravillosas personas, para conocer nueva música.
La ansiedad es normal bajo ciertas condiciones como una pérdida. Está bien sentirla pero también está bien expresarla y buscar ayuda, avanzar, hablar, compartir, encontrar fórmulas de combate.
No me molestaba andar por ahí sin audífonos o cualquier otra "herramienta" para escuchar música en la universidad o en los trayectos de mi casa a cualquier lugar. Disfrutaba ese silencio que me permitía ampliar mis pensamientos.
Recuerdo en un viaje del colegio que la profesora observó, precisamente, que todas en el bus llevaban sus audífonos y dijo “le tienen miedo al silencio ¿Por qué no pueden desconectarse un segundo?” Y yo pensé “yo no le temo, no creo que algún día pueda hacerlo”.
Y me equivoqué. En algún punto de la enfermedad de mi mamá se me hizo insoportable quedarme sola, sentirme sola en cualquier lugar y en especial en mi casa. No tener la música o el radio todo el tiempo hablándome puede llenarme de ansiedad porque ante el silencio llegan los peores recuerdos y pensamientos de lo que pudo ser.
Ahora le tengo miedo al silencio, miedo a la soledad que invoca tanto recuerdos que duelen. Siento ansiedad de los recuerdos, ansiedad de su ausencia, ansiedad de pensar cómo sería si ella hubiese elegido otro tratamiento, si hubiésemos evaluado otras opciones, si jamás hubiese enfermado.
No me importa repetir casi las mismas canciones una y otra vez, porque la radio ya tampoco la soporto mucho más de diez minutos. Yo, que amaba la radio y que trabajé en ese medio maravilloso.
Pero ante la insistencia de mis primos tras la muerte de mi mamá, y el recuerdo de su propia insistencia, encontré un nuevo oasis: el deporte.
El deporte como método para calmar la ansiedad, para ocupar el tiempo libre, para liberar el estrés y el agotamiento de la rutina, para conocer nuevas y maravillosas personas, para conocer nueva música.
La ansiedad es normal bajo ciertas condiciones como una pérdida. Está bien sentirla pero también está bien expresarla y buscar ayuda, avanzar, hablar, compartir, encontrar fórmulas de combate.
Excelente artículo . Qué buena receta, cura varios males y recarga la energia del cuerpo y la mente
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