Señales no tan evidentes
Hay enfermedades muy fáciles de detectar, síntomas que aunque comunes son demasiado evidentes: la fiebre, un dolor, sarpullidos, etc.
Hay otros que no son tan evidentes y para alguien que siempre ha gozado de buena salud, incluso pueden ser fácilmente explicables.
Mi mamá empezó a sentir demasiado cansancio, algo que atribuimos a su trabajo. Le gustaba los fines de semana dormir 15 minutos en la tarde, que con el tiempo se fueron convirtiendo en horas, pero trabajaba tanto y había hecho tanto por nosotros que ¿Para qué despertarla? Si además nosotros podíamos hacer lo que faltara y ella se merecía descansar.
También empezó a sufrir de calor y sudoracion en las noches, usual en una mujer de su edad pues podrían asociarse a un anuncio de menopausia pese a que en la familia esa etapa suele llegar ya entrados los años.
No se quejaba de dolor y los hematomas salieron siempre por lo que habrían podido ser pequeños accidentes si importancia.
¿Qué íbamos a saber nosotros? Supimos la gravedad de sumar todos esos síntomas cuando al momento del diagnóstico la especialista le preguntó si había sufrido alguno de esos síntomas en algún momento y la respuesta era "sí, todos".
No está bien exagerar todos los síntomas o buscar en el "doctor Google" cualquier ligero cambio de nuestro cuerpo. Pero tampoco está bien pasar una serie de señales que nos da nuestro organismo para que acudamos a un médico.
Mi mamá siempre me cuidó con el más infinito amor en cada una de mis enfermedades, que jamás fueron graves por fortuna, y prefería mil veces pasar horas esperando a que un médico me atendiera por una torcedura o una gripa, que dejarme en casa y pensar en qué habría dicho un doctor.
Pensaba que es una exagerada, hasta su diagnóstico. Ahí entendí la importancia de tomar una pausa y "escuchar" al cuerpo, encontrar el equilibro entre no exagerar un ligero cambio y atender a los síntomas que puedan aparecer.
Gracias por tus acertados comentarios semanales
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