El nuevo normal
Nos pasamos la mayor parte del tiempo soñando con el futuro, esperando a que todo sea mejor, mantiéndonos firmes en la idea de pensar en un futuro mucho mejor y sin una sola enfermedad.
Sin embargo, pocas veces nos damos cuenta que es necesario aprovechar los buenos momentos, aceptar el "nuevo normal" porque pasa tanto tiempo durante el tratamiento contra la enfermedad que en verdad casi todo se vuelve rutina.
Y dentro de esa rutina también hay buenos momentos, días en los que reímos hasta que olvidamos que estamos dentro de un hospital o que tenemos limitaciones para salir de casa y volvemos a disfrutar de todo lo que sucede a nuestro alrededor.
Aceptar el nuevo normal nos lleva también a aprender a valorar cada mínimo detalle: una tarde en cama, todos juntos para no permitirle al frío de la ciudad entrar a nuestro refugio, un error al hablar, una llamada sorpresa, un chocolate.
Aprendemos a ver el pasado no como algo que quisiéramos volver a tener sino como un punto de comparación: mira cuánto hemos aprendido, mira cuánto hemos crecido, mira cómo siguieron las vidas de los demás a nuestro alrededor y las nuestras también.
Ya había mencionado que una de nuestras estrategias para subir el ánimo de mi mamá mientras luchaba contra su leucemia era obtener buenas calificaciones y logros profesionales, así ella se sentía orgullosa y además sentía que la vida no se había detenido por ella y que debía seguir luchando para que la vida misma siguiera corriendo con nosotros.
Pero esos mismos logros que con tanto empeño conseguimos para ella, nos hicieron crecer a nosotros también, nos llevaron más pronto de lo que esperábamos a cumplir las metas con las que por tanto tiempo soñamos pero que a la vez pensamos que tardarían un poco más, que su alcance era un poco más lejano.
No nos dimos cuenta y entre las esperanzas de un mejor futuro y la vida diaria, también aprendimos a disfrutar "el nuevo normal".
Sin embargo, pocas veces nos damos cuenta que es necesario aprovechar los buenos momentos, aceptar el "nuevo normal" porque pasa tanto tiempo durante el tratamiento contra la enfermedad que en verdad casi todo se vuelve rutina.
Y dentro de esa rutina también hay buenos momentos, días en los que reímos hasta que olvidamos que estamos dentro de un hospital o que tenemos limitaciones para salir de casa y volvemos a disfrutar de todo lo que sucede a nuestro alrededor.
Aceptar el nuevo normal nos lleva también a aprender a valorar cada mínimo detalle: una tarde en cama, todos juntos para no permitirle al frío de la ciudad entrar a nuestro refugio, un error al hablar, una llamada sorpresa, un chocolate.
Aprendemos a ver el pasado no como algo que quisiéramos volver a tener sino como un punto de comparación: mira cuánto hemos aprendido, mira cuánto hemos crecido, mira cómo siguieron las vidas de los demás a nuestro alrededor y las nuestras también.
Ya había mencionado que una de nuestras estrategias para subir el ánimo de mi mamá mientras luchaba contra su leucemia era obtener buenas calificaciones y logros profesionales, así ella se sentía orgullosa y además sentía que la vida no se había detenido por ella y que debía seguir luchando para que la vida misma siguiera corriendo con nosotros.
Pero esos mismos logros que con tanto empeño conseguimos para ella, nos hicieron crecer a nosotros también, nos llevaron más pronto de lo que esperábamos a cumplir las metas con las que por tanto tiempo soñamos pero que a la vez pensamos que tardarían un poco más, que su alcance era un poco más lejano.
No nos dimos cuenta y entre las esperanzas de un mejor futuro y la vida diaria, también aprendimos a disfrutar "el nuevo normal".
Que interesante el modo de mirar estas situaciónes y confirmas que todo es para bien y vale la pena vivir a conciencia cada instante de nuestras vidas. Gracias por tu mensaje
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