No era una opción
20 de febrero de 2015. Ese día, en un pequeño pero organizado consultorio, una especialista leyó frente a nosotras el diagnóstico que yo ya conocía: leucemia. Mi mamá empezó a llorar en silencio mientras atendíamos el resto del discurso de esa doctora sobre la enfermedad y el tratamiento y supimos que debíamos actuar de inmediato.
No había tiempo para dudas, consideraciones, para falsas ilusiones. Esa misma tarde ella quedó interna en un hospital para iniciar lo más pronto posible su tratamiento.
Pero no es el caso de todos los pacientes. Solo la palabra "cáncer" asusta y es difícil de asimilar. Es más fácil pensar que se trata de un error de diagnóstico y buscar más opiniones, para luego buscar también una alternativa de tratamiento porque todo lo que se dice sobre la quimioterapia es aterrador.
Pero muchas veces, esa búsqueda de opciones y opiniones no hace más que restar tiempo.
Tiempo necesario para enfrentar la enfermedad y obtener un mejor resultado, tiempo para el éxito, tiempo para ganar la batalla, tiempo que se agota.
Tanto para el paciente como para la familia es difícil aceptar el diagnóstico. Yo misma tuve que repetirme en la mente las palabras de los doctores muchas veces para aceptar que no había ningún error, que mi mamá tenía leucemia.
Ahora son otras las palabras que suelo repetir en mi mente, intentando aceptarlo todo sin entenderlo, con el objetivo en ambos casos de tomar la única opción posible: seguir luchando y aprovechando cada segundo para evitar que se me vaya el tiempo entre ilusiones.
Al tener que actuar rápido, al tener que aceptar tan pronto el diagnóstico y todo el proceso que llegó detrás, supe que no había otra opción que "ser fuerte". No es una opción que se pueda dejar, la posibilidad de simplemente ignorar el problema o ser increíblemente optimistas y negar la enfermedad es realmente la vía que no puede tomar la familia del paciente.
Es difícil, genera muchos sentimientos encontrados pero al final es lo necesario. Esa valentía que luego tantos alaban, realmente no es algo que podamos elegir tomar.
No había tiempo para dudas, consideraciones, para falsas ilusiones. Esa misma tarde ella quedó interna en un hospital para iniciar lo más pronto posible su tratamiento.
Pero no es el caso de todos los pacientes. Solo la palabra "cáncer" asusta y es difícil de asimilar. Es más fácil pensar que se trata de un error de diagnóstico y buscar más opiniones, para luego buscar también una alternativa de tratamiento porque todo lo que se dice sobre la quimioterapia es aterrador.
Pero muchas veces, esa búsqueda de opciones y opiniones no hace más que restar tiempo.
Tiempo necesario para enfrentar la enfermedad y obtener un mejor resultado, tiempo para el éxito, tiempo para ganar la batalla, tiempo que se agota.
Tanto para el paciente como para la familia es difícil aceptar el diagnóstico. Yo misma tuve que repetirme en la mente las palabras de los doctores muchas veces para aceptar que no había ningún error, que mi mamá tenía leucemia.
Ahora son otras las palabras que suelo repetir en mi mente, intentando aceptarlo todo sin entenderlo, con el objetivo en ambos casos de tomar la única opción posible: seguir luchando y aprovechando cada segundo para evitar que se me vaya el tiempo entre ilusiones.
Al tener que actuar rápido, al tener que aceptar tan pronto el diagnóstico y todo el proceso que llegó detrás, supe que no había otra opción que "ser fuerte". No es una opción que se pueda dejar, la posibilidad de simplemente ignorar el problema o ser increíblemente optimistas y negar la enfermedad es realmente la vía que no puede tomar la familia del paciente.
Es difícil, genera muchos sentimientos encontrados pero al final es lo necesario. Esa valentía que luego tantos alaban, realmente no es algo que podamos elegir tomar.
Muy bien escrito. También una opción de vida acertada que dejó una perspectiva madura frente a las situaciones fuertes que nos presenta el camino
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