Aceptar las noticias
No todas las noticias son malas. En un país en conflicto nos acostumbramos a ver tantas tragedias en las noticias, que ya no pasan de un comentario de preocupación o mediana tristeza para no volverlas a recordar unos minutos después.
Y las noticias positivas pocas veces las registramos. Confío en que vienen tiempos mejores, en que las malas noticias del conflicto quedarán como un mal recuerdo que sin embargo nos dio grandes lecciones de resistencia y solidaridad. Además, espero que sean las buenas noticias las que invadan nuestros espacios informativos y de opinión porque de ahí salen también grandes lecciones.
En un tratamiento contra el cáncer pasa algo similar: no todas las noticias son malas. Sin embargo, cada una trae el miedo ante la posibilidad de que todo se vuelva peor.
Cada vez que debíamos esperar los resultados de tantas biopsias, muestras de laboratorio y demás, quedaba en la atmósfera ese sentimiento de incertidumbre y miedo ante el posible resultado. Por fortuna fueron más las buenas que las malas noticias.
El problema es cuando las noticias eran tan malas, que aunque fuera solo una nos dejaban en total silencio. Nadie sabía qué decir.
Cuando mi mamá nos contó que el segundo tratamiento tampoco había funcionado y que lo único que quedaba era un plan paliativo, cuidarla, esperar y rogar que se mantuviera estable durante muchos años, me quebré frente a ella por primera vez. Se me acabó la fuerza para mostrarle el apoyo que necesitaba y que confiaba plenamente en su proceso y en que un día todo sería mejor.
Lloré demasiado y cuando pude calmarme, seguí llorando internamente durante semanas enteras porque a lo mejor jamás fui capaz de asimilar esa noticia. Todavía me cuesta entenderlo.
Sin embargo aprendí algo importante: las noticias se esperan sin demasiado optimismo pero con poco negativismo. Una vez regreso a este punto: encontrar el balance es muy difícil pero no imposible.
Tener un paciente con cáncer es entender que llegará una lluvia de noticias y que nunca se sabe qué tan buenas o malas son sino hasta que se conocen, por lo que hay que procurar guardar la calma y simplemente esperar.
Y las noticias positivas pocas veces las registramos. Confío en que vienen tiempos mejores, en que las malas noticias del conflicto quedarán como un mal recuerdo que sin embargo nos dio grandes lecciones de resistencia y solidaridad. Además, espero que sean las buenas noticias las que invadan nuestros espacios informativos y de opinión porque de ahí salen también grandes lecciones.
En un tratamiento contra el cáncer pasa algo similar: no todas las noticias son malas. Sin embargo, cada una trae el miedo ante la posibilidad de que todo se vuelva peor.
Cada vez que debíamos esperar los resultados de tantas biopsias, muestras de laboratorio y demás, quedaba en la atmósfera ese sentimiento de incertidumbre y miedo ante el posible resultado. Por fortuna fueron más las buenas que las malas noticias.
El problema es cuando las noticias eran tan malas, que aunque fuera solo una nos dejaban en total silencio. Nadie sabía qué decir.
Cuando mi mamá nos contó que el segundo tratamiento tampoco había funcionado y que lo único que quedaba era un plan paliativo, cuidarla, esperar y rogar que se mantuviera estable durante muchos años, me quebré frente a ella por primera vez. Se me acabó la fuerza para mostrarle el apoyo que necesitaba y que confiaba plenamente en su proceso y en que un día todo sería mejor.
Lloré demasiado y cuando pude calmarme, seguí llorando internamente durante semanas enteras porque a lo mejor jamás fui capaz de asimilar esa noticia. Todavía me cuesta entenderlo.
Sin embargo aprendí algo importante: las noticias se esperan sin demasiado optimismo pero con poco negativismo. Una vez regreso a este punto: encontrar el balance es muy difícil pero no imposible.
Tener un paciente con cáncer es entender que llegará una lluvia de noticias y que nunca se sabe qué tan buenas o malas son sino hasta que se conocen, por lo que hay que procurar guardar la calma y simplemente esperar.
Comentarios
Publicar un comentario