Pedir ayuda
El ser humano es orgulloso. Todos tenemos un dolor, una preocupación, una duda que no compartimos con nadie por orgullo, por guardar la apariencia de valentía.
Sin embargo, en este proceso aprendí lo importante que es bajar la cabeza y aceptar que no podemos solos con el peso del mundo, que muchas veces somos débiles y necesitamos la compañía de alguien. Eso no nos hace inferiores a los demás.
Muchas veces, después de visitar a mi mamá en el hospital o al escuchar alguna noticia de los doctores, lo único que necesitaba era el abrazo de alguien.
Recargarme de energía antes de volver al lado de mi mamá y darle todo mi apoyo, mostrarme siempre firme y valiente para ella.
Al principio me costaba mucho trabajo hacerlo y prefería quedarme encerrada en mi cuarto, muchas veces sin siquiera moverme de mi cama mientras escuchaba Invisible o Flashlight una y otra vez, hasta el cansancio.
Pero entonces recordaba que mi familia y mis amigos más cercanos me habían ofrecido siempre su ayuda, su compañía y entonces llamaba a alguien para que me hablara.
Y meses después fui capaz de decir claramente lo que me pasaba: "tengo miedo, necesito un abrazo".
Siempre recibí una respuesta positiva, llena de amor. Recibí invitaciones inmediatas a salir, a comer algo o simplemente a estar en sus casas tocando el piano, hablando de libros o música, o viendo fútbol.
Y por lo menos durante unas horas lograba olvidar el miedo y la tristeza que me generaban saber que mi mamá tenía cáncer, que pasó de ser la mujer más sana que conocía a una paciente que pasaba la mayor parte del año en un hospital.
Me enseñaron a ser valiente, a seguir adelante, a ser siempre fuerte. Mi abuelo me dijo un dijo un día que soy parte de una familia que no llora. "Yo no lloré ni el día del entierro de mi mamá, usted tiene que ser igual" me dijo con su tono de antiguo policía.
Yo lo creí siempre y me esforcé por cumplir su orden. No lloro, me hice dura como él. Pero con la enfermedad de mi mamá descubrí que parte de ser fuerte es hablar, es no guardarse la mala energía y pedir ayuda cuando las cosas no andan bien.
Y siempre hay alguien, incluso alguien inesperado, que está dispuesto a tendernos una mano, a escucharnos, a abrazarnos.
Aprendí que está bien bajar la cabeza, aceptar la debilidad y mostrar lo imperfectos que somos porque es así como construimos mejores relaciones con nuestros seres queridos y recibimos la energía suficiente para seguir adelante.
Porque al final del día se trata de eso: de seguir adelante.
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