Compañía y ejemplos fortuitos
En esta montaña rusa hay otras miles de personas que seguramente nunca conoceremos y de muy pocas de ellas escucharemos hablar alguna vez.
Sin embargo, cuando un familiar se enfrenta al tratamiento contra el cáncer resulta ser mucho más común empezar a ver familias en situaciones similares y en algunas ocasiones, sin saber muy bien cómo, resultas hablando con otros pacientes sobre sus experiencias.
Mi mamá compartió habitación con otras personas muy pocas veces.
Durante el primer tratamiento supimos de una mujer con la misma edad, el mismo diagnóstico y por lo tanto el mismo tratamiento. Pero había una diferencia: sus hijos estaban ausentes y pocas veces alguien la visitaba. El efecto era evidente. Sus reacciones al tratamiento eran mucho más fuertes y su cuerpo se debilitaba a un ritmo más rápido.
Luego en las consultas mi mamá solía llegar a la casa contando historias de los pacientes que había conocido mientras esperaba su turno y cuando debíamos llevarla a Cuidados Paliativos para que le aplicaran transfusiones, solíamos encontrarnos con escenas especiales como la de otra mamá cuya hija, más o menos de mi edad, acompañaba y ayudaba.
O aquella chica de cerca de 20 años que llevaba por lo menos la mitad de su vida sometiéndose a tratamientos contra el cáncer y no había abandonado jamás sus estudios. Llegaba débil pero valiente y lista para enfrentar lo que fuera necesario y seguir en la lucha.
También estuvo esa señora mayor que mi mamá, con la que compartió habitación por un buen tiempo en el segundo tratamiento y que era siempre tan amable, que entendía a mi mamá porque estaban viviendo lo mismo y que al final incluso se animaba con nuestras visitas que también eran para ella.
Y en el camino también encontramos ejemplos que nos demostraban que sí era posible superar toda esa situación. Una vez estaba en el laboratorio de uno de los hospitales reclamando unos exámenes cuando se acercó un joven un par de años mayor que yo, saludó con familiaridad a las enfermeras y al pedir sus resultados les dijo alegre "estoy cumpliendo mi primer año libre". Sus palabras me quedaron sonando en el corazón y corrí a la habitación de mi mamá a contarle, para que supiera que sí era posible.
Con frecuencia creemos que estamos solos y es normal sentir que nadie nos entiende. Pero finalmente a nuestro alrededor hay otros miles de ejemplos de lucha, de victoria y de derrota, valiosas lecciones y compañías
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